
Es difícil ser cocinero. Es mucho más difícil ser un buen cocinero. Y mucho más, ser un cocinero excepcional, que marque pautas y tendencias en el mundo de la gastronomía nacional, y mucho más a escala mundial.
¿Te imaginas lo difícil que es ser Adriá, o Rezedpi, o Blumenthal? ¿Acurio o Atala? ¿Sumito o Ibarra? Bueno, yo te invito a que parezcas cocinero sin serlo, mostrando varios “botones” de una “muestra” (recuerda: para muestra, basta un botón). Bien, pues, les diremos varios secretos para parecer cocineros sin serlo.
Primero, lee un manual de cocina básica, de esos que enseñan a distinguir un cuchillo de un microondas, y una salsa bearnesa de un consomé.
Segundo, lee un recetario de cocina del país de tu preferencia, mientras más lejos mejor, y entérate de que una receta consta de dos partes: ingredientes (lo que se transforma) y modo de preparación (cómo se transforma), y aprende cómo hacer un menú completo de ese país: una entrada, un plato principal y un postre.
Tercero, compra un almanaque mundial. Busca el país de aquel menú, y aprende los datos básicos. Y ya. Proclama a los cuatro vientos que eres un experto en gastronomía, digamos, tibetana. Desde entonces, te respetarán. Inexorablemente llegará el día D. A alguien se le ocurrirá invitar a un grupo de amigos para degustar la comida tibetana, y tú serás el cocinero invitado.
Así le ha pasado a un amigo con la cocina. La diferencia es que, no él mismo, sino los otros lo proclamaron experto en cocina, a él, que funciona precariamente con un menú básico. Mi amigo me cuenta que la gente lo detiene en los sitios más insólitos, hasta en los baños, y le piden o le dan recetas y consejos de cocina.
Hasta que se cansó de explicar sus carencias y de excusarse de no ser el cocinero que los demás esperan que sea él. Y terminó por aprenderse unas pocas preparaciones culinarias insólitas para “asombrar la galería” (o, como dicen los gastrónomos, dice él: “para èpater la bourguesie”, expresión que forma parte de su simulación).
La primera de esas preparaciones, la de entrada, es la de colocar aceitunas verdes en un recipiente con hielo, y dejarlas repasar durante al menos 15 m. Hágalo. Se sorprenderá del resultado.
La segunda es untar mantequilla a un trozo de casabe ligeramente humedecido, luego espolvorearlos con queso parmesano reggiano y perejil finamente picado, y meterlo en un horno previamente calentado a 200 º C durante unos pocos minutos, hasta que esté crocante o ligeramente tostado. Ofrecerlo, diciendo claramente, “bocatto di Cardenale”.
Y una sorpresa final, que corresponde, como es lógico, a un postre: coloque una bola de helado de mantecado en una copa corta y de base ancha, y rocíela con whisky de ocho o más años de envejecimiento. Y no diga nada: la cara de estupor de su invitado se lo dirá todo.
Después de esa para-muestra-basta-un-botón, nadie le sacará de la cabeza que usted es un consumado cocinero, sin serlo.
Preventa 2013
Views : 514
Únete a la Giga Pudding manía
Views : 5542
Master class con Andy Gelmmel
Views : 167693
Deliciosa tapa con boconccinis
Views : 569