Compartir tus fotos gastronómicas puede ser muy divertido, pero existe una pequeña línea entre ser un foodie apasionado y ser persona non grata para quienes te siguen en redes sociales. Para que tu afición por las fotos gastronómicas no se salga de control, te dmaos nuestra lista de "buena idea" y "mala idea".

Buena idea: Tomar fotos de platos hechos por ti y que te hayan quedado muy bien o sean recetas interesantes y compartirlos en tus redes, acompañados de una breve descripción.
Mala idea: Tomar fotos de cada cosa que preparas o compras y subirlas a tus redes como si fuese una bitácora nutricional.
Buena idea: Ordenar tus ingredientes o platos de forma armónica o creativa antes de tomar la foto, para que la dispocisión sea favorable y elegante.
Mala idea: Ordenar tus vegetales en poses con doble sentido.

Buena idea: Compartir fotos de lugares donde te gustaría comer, de platos que te gustaría preparar u otros sueños, y usar hashtags inspiracionales.
Mala idea: Compartir estas fotos como si fueran lugares en los que estás o platos hechos por ti.
Buena idea: Tomar fotos que muestren las texturas y colores de tus platos.
Mala idea: Tomar fotos que muestren el logo de la franquicia donde estás comiendo.
Buena idea: Tomar fotos de tus cocteles junto a los ingredientes utilizados, o de tus vinos con la botella que sirves al fondo.
Mala idea: Tomar fotos de tus invitados bebiendo y luego compartirlas.
Pésima idea: Tomar fotos de la mascota de la casa rodeada de botellas de cerveza vacías y cigarrillos.
Peor idea de todas: Tomar fotos de un bebé a la manera anteriormente descrita.

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