
Ese es el valor del voto, el registro de lo que uno quiere y no de lo que se le impone. La posibilidad de hacer verdad lo que uno ha soñado e intentar convertir en realidad el país que uno quiere para su hijos, donde haya un espacio cierto para la tolerancia y un lugar donde sea bienvenida la disidencia. Con el voto responsable podemos ayudar a construir un país donde todos podamos crecer y soñar juntos, y donde podamos seguir compartiendo los valores de la democracia como si ésta fuera un alimento imprescindible e impostergable del alma.
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