Han pasado más de veinte años del momento cuando Rafael Ansón, presidente de la Real Academia de Gastronomía, en una cena con amigos venezolanos les propuso una fórmula para preservar el patrimonio cultural que había aprendido a apreciar: crear una contraparte venezolana de su organización. La idea se concretó y en la actualidad, la Academia Venezolana de Gastronomía (AVG), presidida por el restaurador Leopoldo López Gil, cuenta con más de cien miembros.
“Yo creo que la base de toda academia es crear un ámbito de discusión, de intercambio donde se busca el objetivo de proteger un patrimonio, en este caso cultural y aunque el gusto es muy diverso y hay que aceptarlo, los orígenes, las tradiciones de lo que se puede llamar la cocina particular de cualquier zona del mundo sí se puede definir y uno puede considerar como en toda actividad humana las reglas del juego”, apunta López Gil quien además participará en los ciclos de conferencias de la décima edición del Salón Internacional de Gastronomía con una ponencia en relación con el lema del evento: “De la innovación a la tradición”.
Aparte de sus experiencias en la restauración en el extranjero, López Gil apuesta a la incorporación de la AVG a su par iberoamericana creada en septiembre de 2009 en Sevilla y cuyos miembros fundadores son México, Brasil, Argentina, Perú, Portugal y España, mientras esperan Venezuela, Colombia y Chile. Para Leopoldo López Gil, la visita de Rafael Ansón en el marco del SIG 2011 es un buen augurio del éxito de dicha incorporación pues el presidente de la Real Academia de la Gastronomía es un gran defensor de la cocina venezolana al punto de afirmar desde Madrid al ser consultado al respecto que: “es un país que tiene tantos productos que tiene que estar orgulloso de lo que hace, la cocina y la forma de comer que inventaron sus madres, abuelas y bisabuelas es admirable teniendo en cuenta la materia prima que tenían”.
Para Leopoldo López Gil, el entusiasmo que despierta la cocina venezolana no tiene mayores secretos: “es diferente, se trata de una cocina muy particular en la que hay una mezcla de sabores que no se dan en ninguna otra parte del continente, en los platos salados siempre aparece un sabor dulce, un sabor ácido y algún sabor picante, con la particularidad de que nuestro picante es mucho más suave, el dulce muchísimo más profundo y ese ácido difícilmente se encuentra en otras cocinas del continente”.
Por eso, López Gil celebra el tema del salón pues, en su criterio “la vuelta a los orígenes es necesaria porque se nos ha olvidado qué nos trajo hasta el presente”, de forma que orientará su presentación en el SIG 2011 a retomar los orígenes de la cocina venezolana y, sobre todo, el tema que en el fondo le apasiona, el valor cultural de la cocina pues para López: “hay personas que no entienden las artes culinarias como una expresión cultural pero la verdadera manifestación de la cultura de una población termina siempre de alguna forma en la cocina: no se ve pueblo desarrollado que no haya tenido desarrollo de su cultura culinaria.”