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Juan Carlos Bruzual y su labor panadera

Juan Carlos Bruzual no viene de una familia de panadero y no soñó cuando era niño con ser panadero. Hasta los 33 años, tiene ahora 47, no le había pasado por la cabeza la panadería como oficio. Es, por lo tanto, un panadero tardío, y producto del azar. En 2003, un pequeñito aviso insertado en el suplemento dominical de El Nacional empezó a cambiarle la vida.

En el avisito se publicitaba una escuela de panadería en Caracas. Se trataba del Iepan (Instituto Europeo del Pan). Allí se inscribió siguiendo los designios del azar que utilizaba como mensajero un aviso de prensa. Se inscribió en el Iepan, dirigido por Laszlo Gyomrey, severo pero justo, para seguir un curso de un mes de panadería elemental.

El pan de piñita fue el primer pan que hizo con sus propias manos. Al sacarlo del horno, y sentir que su pequeña obra oliera tanto y supiera tan sabroso, se enamoró del oficio: ese día supo que sería panadero el resto de su vida. Desde entonces, tuvo conciencia plena de que el pan iba a ser el motivo profesional de su vida, y que el oficio es respeto por el ingrediente y la ética una condición irrenunciable. O sea que, como dicen los refranes: “Nunca es tarde cuando la dicha llega”, o “Más vale tarde que nunca”. Ese amor por el pan es fruto de un enamoramiento tardío, que se convirtió en una pasión definitiva.  

El Instituto Europeo del Pan (Iepan) nació en el 2002, bajo la dirección del maestro húngaro Laszlo Gyomrey y su esposa, que los había aventado el paro petrolero a otros oficios. Desde el 2002 hasta el 2007, fue un quinquenio de dificultades que Laszlo y su mujer capearon como pudieron. Al final, se fueron a vivir a Canadá y vendieron el IEPAN.

El comprador fue Juan Carlos Bruzual, que ahora lo conocemos como el panadero de Venezuela. Allí, en el Iepan, se dictan cursos de panadería para todos los niveles, edades  y gustos, con un común denominador: la devoción por difundir los panes tradicionales de Venezuela. Además, en el instituto se venden diariamente de diez a quince tipos de panes diferentes, y más de 20 panes singulares para las  ocasiones especiales: días del padre, de la madre, de los enamorados y de la secretaria, así como para la Navidad y  la fiesta de Reyes.

El Iepan cumple los primeros diez años de vida, seis bajo la dirección de Juan Carlos, y se ha convertido en una de las principales escuelas para la formación de los panaderos en Venezuela. Quizás la mejor, al menos por sus laudables iniciativas, su compromiso con los panaderos regionales, la seriedad de sus ejecutorias y ese peregrinaje que ata a Juan Carlos, su director, con un oficio que se cumple con dignidad en los rincones más insospechados de la geografía nacional. Lo que fue un lema o una promesa del inicio, “el cocinero de Venezuela”, se ha venido convirtiendo a pulso y con el corazón en una realidad.

Rafael Cartay

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