
Poseen una textura carnosa, que para ser realmente disfrutada debe sentirse y masticarse, no se debe tragar. Ahí radica la explosión de sensaciones que despertará en la boca. Uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta, es que para reconocer la frescura de este molusco se le deben añadir unas gotitas de limón, si se puede apreciar que se contrae, entonces estarán frescas y aptas para su consumo y disfrute.
La forma más tradicional de comerlas es con limón. También es frecuente su preparación con vinagre, tipo escabeche. Igualmente se hacen preparados que incluyen pimienta negra o blanca recién molida.
Son conocidas las propiedades afrodisíacas que se le atribuyen. Al igual que otros moluscos, favorece la liberación de testosterona y de estrógenos, además de estimular los neurotransmisores, así que no es un mito el que se les asocie a platos que promueven el escenario para el placer. Por esa razón, una buena opción para acompañarlas es un vino espumante, muy frío. También los vinos blancos secos resaltan y potencia ese sabor a mar que se encierra dentro de sus valvas.
En la edición número 69 de la revista Cocina y Vino, se puede disfrutar un especial sobre este molusco que deleita al paladar y abre las puertas del placer.
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