
La última jornada del Salón Internacional de Gastronomía, este martes 6 de noviembre, estuvo llena de los sabores, aromas e ingredientes de gran parte de Venezuela y de otros países, como México e Italia. Luego de una entretenida intervención del Grupo Occidental de Gastronomía, quienes demostraron el potencial del coco en distintas recetas, siguió un homenaje a ese primer y último plato en la vida del ser humano, la sopa, de la manos de la Escuela de gastronomía regional Adelis Sisirucá, representada por Sergio Arango y Norah Muñoz junto a su equipo. La ponencia “Sopas de aquí y de allá” llevó al público a reflexionar sobre la relación afectiva con este plato, que ha sido consorte de muchas poblaciones en tiempos de bonanzas y pobrezas, concluyendo con el servicio de un gran asopado, el mute larense.

Un tesoro vivo de la gastronomía regional del estado Nueva Esparta es el señor Rubén Santiago, creador del reconocido y demandado pastel de chucho. Autor del emblemático platillo, fue invitado a este Salón Internacional de Gastronomía para explicar cómo se inventa una tradición, donde la respuesta fue perseverancia, amor por lo propio y divulgación de conocimientos y recetas. Aclaró que este pastel no es de chucho refiriéndose al nombre de personaje, sino a un tipo de raya denominada chucho o pez chucho.

Michele Croccia con la ayuda de un intérprete de italiano, supo conquistar a asistentes por sus conocimientos en la elaboración de la pizza, popular platillo que requiere de experiencia y dedicación para ser concebido con éxito, tomando en cuenta calidades de harinas y otros ingredientes y al amasado, parte fundamental al hacer una real pizza italiana. Personas del público tuvieron la oportunidad de compartir con el experto pizzero y dar vueltas en el aire, sin mucho éxito, a la redonda masa.

Inmediatamente, con la energía que caracteriza al tachirense, en cuestión de minutos se montaron a escenario la representación del Táchira, comandados por la señora Leonor Peña, autora del gran recetario “La Cocina Tachirense”, junto a cuatro cocineros. Inició diciendo Peña que “aparte de mandar, a los tachirenses nos encanta comer”. Se degustaron pastelitos andinos dulces, pastelitos de yuca tempurizados, cerdo en miche callejonero y tomate de árbol, currungo y un postre de chocolate perla y moras parameras o paramosas.

Las tinieblas se apoderaron de la cocina, humeantes esquinas que inundaban el ambiente con aromas sacros y una refinada figura de melena ostentosa finalizaron el SIG 2012. La chef Martha Ortiz, quien viajó desde México, llegó para traer los colores de la muerte que se celebra en grande en esas tierras. En contraste con la viveza colorida en sus creaciones, se presentaba el negro siempre. Un ceviche con lima y mandarina con una cubierta de mole oaxaqueño hecho con chocolate venezolano y una margarita de pulpa de mango y cenizas, impactaron con inesperados sabores a quienes se quedaron absortos ante el desborde de sensualidad y el embrujo de la aterciopelada voz y destreza en cocina de esta mujer.
Un enternecedor texto sobre su percepción de cómo ser una buena cocinera, evocando recuerdos de infancia entre maestras de los fogones que semejaban diosas, leyó Ortiz para concluir su intervención, despidiéndose con estas palabras: “traje un color de mi México y me llevo todos los colores y sabores de la bandera venezolana. Muchas gracias”.
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