
Si tienes una cena y no sabes si poner música o no, si estará aceptado en el protocolo, o, si realmente te decides a poner algo, no sabes qué sonar, sigue leyendo nuestros consejos.
1- La mejor música es una buena conversación. Esto es cierto, una charla fluida y amable es la mejor compañía durante una cena, pero no siempre los invitados, el humor o las circunstancias se dan.
2- Qué género elegir. Aunque seas un fanático de Guns N' Roses o de Pink Floyd, no puedes poner esta música en una cena. Tampoco si te gustan Wisin y Yandel o Daddy Yankee. Deberás escoger una música suave, que realmente haga de fondo, por lo que lo más adecuado es que sea sin letra. Y que sea agradable para todos en la mayor medida de lo posible. La música clásica, el jazz, la bossa o el chill pueden ser géneros adecuados. También puede poner música criolla instrumental, como la llanera, por ejemplo.

3- El volumen acertado. Como decíamos antes, la música tiene que estar de fondo, no ser la protagonista. Es por ello que se deberá escoger un volumen no muy alto, de modo que se aprecie algo lo que suena pero que o canibalice el resto. Si hay dudas sobre cuántos decibelios es esto, debe ser lo suficientemente bajo como para permitir que un invitado hable con otro situado en el lado opuesto de la mesa sin tener que gritar (con excepción de mesas extremadamente largas.
4- Después de la cena. Cuando se llega al momento de las copas, que todos se levantan de la mesa, se puede cambiar tanto el volumen como el tipo de música. Puede mantenerlos, pero si quiere que la gente se anime un poco más puede decantarse por géneros más pegadizos, como salsa clásica, bossa jazz, bluegrass, etc. Todo dependerá de los invitados y de cuánto quiera alargar la cena. En cuanto al volumen, puede elevarlo, pero no tanto como para molestar a los vecinos o como para hacer que la gente se hable al oído a gritos.
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