
Es conseja que Paul Ricard creó la bebida a consecuencia de la prohibición de la satanizada absenta, licor con deje anisado de altísima gradación alcohólica y que aficionara a pintores y poetas en la Ciudad Luz a finales del siglo XIX.
El pastis apareció en las tabernas parisinas a principios de los treinta del siglo XX. Y en cierta forma tributaba de la desaparecida absenta o ajenjo, entre otros espirituosos ilegales, pero con un grado alcohólico entre 40 y 45, un poco superior al del whisky o el coñac.
En cada botella de pastis Ricard quedó grabada la orgullosa presentación de su creador: “Comprometo mi nombre ya que estoy seguro de la gran calidad de mi pastis y me siento orgulloso de su sabor único”.
Así nació el Pastis de Marseille, aperitivo frecuente en los cafés y bares de Francia.
Por una parte de pastis han de vertirse en un vaso cuatro de agua y unos cubos de hielo para apreciar lo mejor del anís, el regalís y las plantas aromáticas de Provenza.
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