
Dayana Medina es una de las sommelier venezolanas con una trayectoria más brillante. Con tan solo 23 años, decidió cambiar su carrera, asesora de belleza y cosmética, por la de sommelier, y desde ese entonces, el vino le ha proporcionado grandes satifacciones.
Se inició en 1994, en la entonces reciente Academia Venezolana de Sommelier, la cual, según explica, comenzó a entrenar a sommelier mujeres, en buena parte debido a que en aquel entonces la cultura de vino en Venezuela estaba apenas "en pañales" y era más fácil hacer que el comensal, usualmente hombre, tomara en cuenta la sugerencia de una dama a tener un señor diciéndole qué tomar.
Medina recuerda que motivó también a su hermana menor, Malvy, a que aprendiera de vinos junto a ella. "La presión era muy fuerte, usábamos los libros de la Asociación Italiana de Sommelier, que Leo D'Addazio nos facilitaba", explica. Vacarini, de la Asociación Italiana de Sommelier, fue una personalidad de gran influencia en la creación del pénsum y estilo de ensañanza de esta carrera en venezuela.

Durante su carrera, Dayana Medina trabajó en restaurantes como Grill House y Divinum, en Puerto Ordaz, y ha participado como jurado en importantes concursos. Su trabajo le ha permitido conocer países como Argentina, Chile, Estados Unidos, Canadá, Grecia, Italia, Francia y España. Felizmente, esto se corresponde con lo que para ella es "el sueño de todo sommelier", es decir, recorrer el mundo, ser reconocido. Medina fue incluso la primera mujer americana en participar en el Concurso del Mejor Sommelier del Mundo, en el año 2000. Allí recibió una mención por el "servicio más exótico".
"La experiencia y el conocimiento me han dado más seguridad a la hora de descubrir y evaluar un vino, sin dejar que influya mi gusto personal", explica Medina, para quien el tiempo le ha dado una mayor confianza y un respeto cada vez más grande por el vino. "Hay que escuchar y prestarle atención a quien realmente sabe", agrega.
Dayana recuerda una anécdota de sus inicios en Puerto Ordaz; un cliente del restaurante en el que trabajaba siempre le decía a ella y su hermana que una era como el Burdeos y la otra como el Borgoña. "Burdeos parece feo porque es áspero y hay que esperar antes de tomárselo, y Borgoña parece más bonito porque es más amable y elegante. Él nos decpia eso, pero no nos decía quien era cual. Yo quería ser Burdeos, porque con los añoes iba a ser más bella, esos vinos no los puedes tomar de inmediato. El Borgoña es más fácil de tomar, más dócil".
En cuanto a cómo piensa celebrar su aniversario con esta hermosa profesión, Dayana se anima a señalar que quiere hacer dos fiestas; una cata de grandes champagne con sus amigas más cercanas, puras mujeres. Y otra de grandes vinos tintos, considerados los mejores del mundo, junto a puros hombres. Esto, "porque el champagne es como la mujer y los grandes vinos como los hombres. Un grupo de mujeres es muy divertido, y ser la única mujer entre un grupo de hombres, también es muy divertido".
Finalmente, si pudiese recibir mágicamente cualquier vino en el mundo como regalo, quisiera un Romanée Conti de 1971, el año de su nacimiento.
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