
Al pensar en la bebida de Brasil, la cachaza, y el cotel icónico de este destilado, la caipirinha, son nuestras primeras asociaciones. Sin embargo, los vinos brasileros experimentan un interesante crecimiento, especialmente sus espumosos, que se exportan a países como Rusia, Paraguay, Inglaterra, Estados Unidos y Japón.
Los sacerdotes Jesuítas que llegaron a Brasil en el siglo XVII fueron quienes trajeron el conocimiento del vino a estas tierras, pero el perfeccionamiento y mejora vino de la mano de inmigrantes italianos dos siglos más tarde. Es esta influencia la que se siente en las burbujas brasileras, que guardan un notable parecido con el prosecco; de notas delicadas y frutales, refrescante y amable al paladar.

El gusto por el espumosos brasileros ya comienza a notarse, en algunas playas de este país, vendedores ambulantes recorren la orilla con carritos similares a los de helado, vendiendo burbujas. La movida de fomentar el consumo de espumosos en la playa, así como en churrasquerías y pizzerías no lo ha hecho bajar de nivel; y expertos la comparan con la tendencia internacional a "bajar del pedestal" los sparklings, y disfrutar de ellos de forma más frecuente.
Brasil es el quinto mayor productor de vinos del Hemisferio Sur, precedido sólo por Argentina, Australia, Sudáfrica y Chile. Así que, quizá más pronto de lo que pensamos, Brasil nos hará pensar en fútbol y samba, pero también en vinos modernos y frescos, que vale la pena conocer si la oportunidad se presenta.
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